Todas Nuestras Muertes
Todas Nuestras Muertes l Hasta antes de la muerte de mi sobrina, me rehusaba a ir cualquier funeral en el que no sintiera que mi presencia fuera necesaria. Los funerales me parecen tardíos y sin propósito, dispuestos para la comidilla del dolor ajeno. Cuando me dieron la noticia, vagaba por el centro de Metepec. Había regresado dos noches atrás de Hidalgo, de casa de mi hermana. Pasamos una tensa navidad a sabiendas de que lo peor podía suceder de un momento a otro. 26 de diciembre, tomé la guitarra y me fui a tocar para abstraerme del mundo. Caía una lluvia suave cuando mi madre que seguía en Hidalgo, me dio la noticia. Me quedé en silencio por unos minutos, quieto, pensando en mi hermana, mi compañera de infancia, un año menor que yo. A penas un par de minutos atrás, le había mandado una foto a Ivy de la Viña real de fresa que me había comprado. Contestó con una broma para regañarme por beber tanto. El teléfono temblaba en mis manos por el frio y la conmoción...