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Agencia política de la sexualidad

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  La foto que ilustra este texto junto a la del texto anterior ( Construcción del conflicto sin drama aparente ) las tomé en un hotel de paso en el entremés de un revolcón. Digo revolcón por la fonética lúdica que le imprime al evento. Dos fotos de una carga erótica importante. Fotos capturas consensuadamente y con la aprobación de hacerlas públicas. Usé la primera foto seguro de mantener en secreto la identidad de mi acompañante, pero sin importar las condiciones, luego de postearla estaba tenso pues no sabía de cualquier modo cómo era que ella iba a reaccionar. Lo que escribí fue honesto, más allá de la carga erótica de la imagen me cautivó el fondo de la foto, hallarme en esa guarida intima de seguridad en un pacto veloz de placer alejado de los estigmas libidinales. Me di cuenta también de que mi motivación para escribirlo era la culpa. Por un lado, de no herir a terceros y por el otro, aquella sensación de vacío pues parecía que si no había un drama de por medio no existí...

Construcción del conflicto sin drama aparente

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  —¿Por qué a oscuras? —le pregunté, cuando entré a la habitación—. —Se siente más cool. —respondió, tendida sobre la cama con una bata de satín guinda—. Se le tonaba serena, fresca a pesar del calor afuera. Sonaba de fondo la canción de Wilco que le había mandado minutos atrás, aún en el taxi.   El tacto de su boca era suave, pero la suavidad no hacía que el manejo fuera delicado ni precavido. El monte hechizado ensombrecido por la ventana y la luz del pasillo. Cruzar el antebrazo por detrás de la cabeza no fue un gesto desdeñoso sino de confort . La mano que se desplomó sobre mi pecho para hallar su centro me distrajo de la contemplación de la ventana, y gracias a esa foto, recuerdo que mientras la miraba me sentía guarecido del mundo afuera. Las cortinas amarillentadas por el foco de pocos watios en el corredor me hizo pensar en todos mis años vividos en la ciudad. De pronto no eran tan pesados. Me reía del mundo afuera, pero particularmente estaba absorto d...

Crónicas campesinas

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  Como es mi sabia costumbre, cuando sé que voy a la CDMX no puedo dormir. Es como si cierta emoción campesina me invadiera. Con apenas unas horas de sueño allí estaba cerca de Bucareli dando mis primeros pasos de siempre, mirando a lo alto de los edificios, escuchando el sonsonete chilango, los chiflidos, los aullidos. Puse la radio: Al llegar a la recamara, supo que era una bala. Trató de permanecer un rato en el arma… pero fue expulsada de aquella morada al grito de: Dispara, Margot, Dispara: “Dispara, Margot, Dispara a través del 102.5 MVS radio. Bienvenidos a la segunda hora de programa. Estamos en la mesa el señor Horacio Villalobos, el señorito Fausto Ponce, la guapísima Claudia Silva, y tenemos como invitado al gran, gran, escritor Carlos Velázquez que viene a presentar su más reciente libro —titubea porque no ve bien— ¿Aprende a amar el plástico? ¿Es correcto señor? —Es correcto”, —respondió el @Charlifornicio. Zurita hizo las fanfarreas. Siempre que un artista le parece...

No hablo de amor sino de que me gusta El oso

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48 horas atrás estaba trepado en un camión. Las ruedas ronroneaban contra el asfalto rumbo al sur del Estado de México. Sentí que había dormido bien, pero de pronto, al comenzar las primeras líneas de una novela de Aura Gómez-Junco, los parpados se me cerraban. Me entregué al sueño. Al despertar, el picante sol del sur me acariciaba la frente. Creí poder dormir otro poco, faltaban si acaso 20 minutos más para llegar a Ixtapan de la Sal. Pero el sol arriba trajo de pronto ciertas notas, ciertas líneas, ciertas escenas. Me quedé pensando en eso hasta que tuve que bajar del autobús en la glorieta para empezar a trabajar. Por aquel municipio los aromas, los sonidos, los colores, rebatidos con el bochorno del día tenían un tono muy parecido al de un par de años atrás. Cuando lo entendí, fue como si palpara con mis sentidos la parte inferior de mi nuca. Nada, en lugar de aquel pesado yunque antaño, sentía el cómodo reposo del sueño, el oxígeno correr por mis narices, que ahuyentaban lo...

Lectura con El anticlub de poesía tierra de nadie en el CTE

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  Para entonces había escrito un par de poemarios. Uno de ellos lo revisó Saúl Ordoñez. Dijo que mi estilo era cercano a la escuela de Bukowski, Carver o Cecilia Juárez. Luego de algunas correcciones le pedí sugerencias para ese libro. Me dijo que lo mandara a concurso o que buscara una editorial. Eso hice sin mucha suerte si quiera de recibir respuesta alguna. Pero una noche, scroleando en Facebook me encontré con El anticlub de poesía tierra de nadie. Fue por un post en que solicitaban víveres para cierta causa. Me pareció un buen gesto y fue entonces que me animé a escribirles buscando publicar. Tal vez por la costumbre, entendí como normal que no tuviera respuesta, pero unas noches más tarde, Luis Arteaga me mandó un mensaje de voz —gesto que valoré porque noté la necesidad de ser captado con precisión, cierta empatía—. Me contó de su misión como grupo, evitar las élites en el seno literario tan viciado por los grupos que se fraguan en aparente libertad, de ominoso compadr...