Heavy Nopal: los emisarios del rock
Heavy Nopal: los emisarios del rock mexicano
La
visita de Heavy Nopal a la ciudad nos da la oportunidad de tomarnos un momento
y pensar la importancia de que una de las bandas más importantes del rock
mexicano visite las barrancas del Estado de México. Sobre todo, ante la
consigna de que el rock mexicano lleva varios años muerto.
La
primera vez que escuché esto fue en una clase de narrativa en la cual se
alegaba, entre otras cosas, que el rock mexicano estaba muerto desde hace mucho
porque carecía de ideas y propuestas frescas. Que las bandas que sobreviven son
monotemáticas y han perdido aquella esencia contestataria que la contracultura
exige del artista.
A
quienes gozamos del rock, que se sugiera que el rock mexicano ha muerto es incómodo,
sin embargo, la idea lleva algo de cierta. En ese sentido, es eso, la
resistencia, lo que hace de Heavy Nopal una banda emblema del mal llamado rock
urbano.
Para
hablar de la genialidad de Heavy Nopal me gusta pensar también en Jeff Buckley
ya que ambos irrumpieron en la escena usurpando identidades. Muchos conocen a
Buckley por el Aleluya, pero pocos saben que la versión original es del también
poeta Leonard Cohen. Algo parecido pasa con los metaleros chilangos, pues tal
vez su rola más conocida es No Tengo Tiempo, canción original del sacerdote
rupestre, Rockdrigo Gonzáles. En ambos casos cobra fuerza aquella conjetura de
haber logrado una versión incluso superior que la del propio autor.
De
más está decir que saber elegir ciertos tributos exige talento y la sensibilidad
de hacer suyas aquellas obras que te comprimen el pecho como pasa con la obra póstuma
del tamaulipeco, en el caso de Heavy Nopal. Algo así como ponerte con sansón a
las patadas.
Pero,
el nexo de Heavy Nopal con Rockdrigo no es menor, pues representa la esencia
del rock mexa que hoy pocos mantienen. No solo les dio un nombre al decirles: “ustedes
no hacen heavy metal, hacen heavy nopal…” sino que también significa ese punto
de inflexión en que el rock en México comenzó a perder el rumbo.
Luego
del cagadero de Avándaro, en Valle de Bravo, la carrera que no se logró,
los excesos y los estigmas de la época, comenzó una persecución por parte del
estado contra los rockeros de aquellos tiempos, relegándolos a tocar en los hoyos
fonky.
El
apelativo que le dio el escritor fundador de la literatura de la onda, Parménides
García Saldaña, fue el semillero de la camada de Rockdrigo que vieron ahí a
bandas como Los Dug Dug's, La Revolución de Emiliano Zapata, Toncho
Pilatos, Enigma, Cosa Nostra o Three Souls in My Mind —a la postre
el TRI, de Alex Lora—. Pero cuando los rockeros tuvieron que salir de las
alcantarillas fue entonces que la brújula perdió rumbo.
En
entrevista con Javier Paniagua, Luis Álvarez, líder de El Haragán y compañía,
palabras más palabras menos, dice que el membrete de bandas del “rock urbano” los
margina de ser ellos también parte del rock mexicano, como si pertenecieran a
otra clase, menor por supuesto, de poca cultura y poca calidad, y que todo se
debe a que un buen día la industria eligió a algunos cuantos y decidió que ese
era el rock nacional, el “rock en tu idioma" que cargó con el peso de ser
el rock mexicano y que terminó por asesinarlo como se sugiere una y otra vez.
Álvarez
dice también cómo han sido marginados de festivales importantes por ser de una “cultura
baja”. De ese modo, lo que quedó para bandas como Heavy Nopal, Tex-Tex, Bostik,
Lira n Roll, Heavy Nopal, el propio Haragán y otra nutrida cantidad de nombres
que no se alinearon con aquellos cánones que el mainstream dictaba fue
refugiarse en la periferia, como lo refleja maravillosamente el documental En
la periferia, de Alberto Zúñiga. Toquines cuasi clandestinos en fiestas
de barrio, en terrenos baldíos, en las condiciones más precarias.
Para
entender cronológicamente el nacimiento, auge y estado de coma en que se encuentra
el rock mexicano actualmente habría que revisar tres documentales que lo
expresan de buena manera: Los rupestres, En la periferia y El rock no tiene la culpa, todos de acceso gratuito en YouTube. En este último, se alcanza a
caldear el desconcierto de músicos que tomaron la bandera y vieron como su voz
perdió fuerza, y esto tal vez se deba a la negligente idea de marginar de la escena
rock a los verdaderos rockeros del país, a las bandas como el Heavy Nopal que
se mantienen estoicos y gallardos.
Así,
que Heavy Nopal venga a cotorrear a los burladeros del Establo de México no es
poca cosa, guarda en sí cierto peso contracultural intangible. Porque, si son
ciertas las predicciones del profeta del nopal en el Manifiesto rupestre, su
palabra fue escuchada por muy pocos, y son Heavy Nopal los emisarios del rock azteca,
esa actitud de vida, que llega a estas tristes, sordas y pretenciosas tierras.

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